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Lucía Dammert y crisis en Perú: «La ciudadanía ve un grupo con prácticas mafiosas tratando de hacerse del Estado»

En: Diario UChile

Fecha: 2020-11-15

Autor: Andrea Bustos

La socióloga comentó con Radio Universidad de Chile la crisis que vive el vecino país, y aseguró que hoy no existen fuerzas políticas capaces de conducir a Perú. Así, ante la salida de Merino, indicó, «existe acá un espacio libre para ver que liderazgos van a hacer sintonía con la ciudadanía y van a emerger en los próximos meses”

La situación de crisis política y social que enfrenta Perú es grave y se ha complicado con el paso de los días. La última jornada de manifestaciones estuvo marcada por la brutalidad policial que dejó dos personas fallecidas y decenas de heridos.


Además, el reconocimiento de Manuel Merino como mandatario no ha tenido éxito, y el presidente del Congreso le dio un ultimátum para dejar el cargo, por lo que su continuidad parece ser inviable.

En conversación con Radio Universidad de Chile, la socióloga y doctora en Ciencia Política Lucía Dammert abordó la crisis que vive el vecino país, y señaló respecto que el poco apoyo que ostenta Manuel Merino se debe a que su llegada al poder está marcada “por un enorme pecado de origen”, dada la destitución de Martín Vizcarra.

“Una destitución que se hizo en contra de lo que la ciudadanía esperaba, en contra de lo que era lo razonable en un país que está enfrentando el COVID, orquestada por unos congresistas que tienen bajísimos niveles de reconocimiento ciudadano. Además, sus primeras medidas han sido autoritarias, retardatarias, tratando de permitir cosas que sabemos que están mal, por ejemplo, universidades de mala calidad, minería ilegal en la Amazonia”, explicó.


A ello Dammert agregó que se suma la precariedad del gabinete de Merino, el que tiene poca experiencia y mantiene una agenda particular. “La sensación que tiene la ciudadanía no es de protección del presidente Vizcarra, sino que acá lo que hay es básicamente un grupo con prácticas mafiosas que lo que están tratando es de hacerse del Estado, de la discusión presupuestaria y eso terminó de molestar sobre todo en la gente más joven que salió a la calle”.

Según explicó la académica de la Universidad de Santiago, el nombramiento de Ántero Flores-Aráoz como premier es otra de las acciones que han generado problemas para Merino, dado que es conocido por ser racista, misógino y defensor de intereses al límite de lo criminal, sumado a que ha tenido un muy mal manejo comunicacional de la crisis.

“Finalmente entre eso y las declaraciones de sus ministros se genera la gente saliendo a las calles a marchar y la solución -como lo vimos en Chile – termina siendo el uso de la policía, la violencia policial y eso que tal vez otrora hubiese generado una disminución de la protesta, en este caso lo único que hace es que alienta a la gente a seguir saliendo y termina poniendo en seria duda a aquellos que efectivamente apoyan a Merino”, agregó.


Además, la socióloga comentó que el poco apoyo con el que se mantiene el jefe de Estado transitorio hace prever que su mandato no tendrá mayor futuro: “Como él salió electo con una coalición débil, esa misma coalición a medida que fue viendo que no tenía ningún apoyo se ha ido resquebrajando, entonces probablemente va a ser un presidente efímero, pero con una tremenda responsabilidad histórica no solo por los dos fallecidos, sino también por la crisis política que deja en el Perú”.

Por otra parte, Lucía Dammert comentó que hoy no existen coaliciones o fuerzas políticas capaces de conducir al país en este escenario, por lo que lo importante ahora es que el Congreso busque un nuevo Ejecutivo que se haga cargo de un proceso de transición. “La mayoría de los partidos más conocidos o se quedaron callados, como Keiko Fujimori, o han colaborado con este gobierno autoritario, entonces existe acá un espacio libre para ver qué liderazgos van a hacer sintonía con la ciudadanía y van a emerger en los próximos meses”, aseveró.

En esa línea, respecto de las futuras elecciones en Perú, programas para abril, Lucía Dammert señaló que quienes se hagan cargo de la transición deben garantizar que el proceso sea democrático y se mantenga como está establecido.

“Si siguiera Merino en el cargo yo creo que habría enormes dudas respecto al proceso, a la forma, al conteo de los votos, etc. Sin embargo, yo ya doy por descontado que Merino va dejar de ser presidente de la República y, en ese sentido, confío en que el Congreso, dada la gravedad de la situación en Perú, elegirá un equipo de transición que permita tener la suficiente altura de la situación en Perú, elegirá un equipo de transición que permita tener la suficiente altura de miras para identificar cuáles son las leyes de los procesos electorales, cómo se tiene que seguir. Pero yo dudo que cambien las fechas, más bien lo que puede abrirse es un debate de nuevos liderazgos, pero cambiar las fechas o entrar en ese tipo de discusiones creo que generaría más incertidumbre”, comentó la académica.


En otro punto, sobre la forma de salir de la crisis generalizada que vive Perú y que se ha evidenciado con serios problemas en los gobiernos de los últimos 30 años, la doctora en Ciencia Política indicó que la clave es l a ciudadanía participe para generar nuevos espacios de liderazgo.


“Yo creo que acá un paso super importante que la ciudadanía se dé cuenta del nivel de podredumbre, de desprestigio y de precariedad del mundo político, que fue electo con muy poquitos votos pero que fue electo hace no mucho. El despertar de la gente más joven, específicamente los que están en las calles, esperemos que también se transforme en decisiones electorales”, indicó.

“Creo que con esto que ha sucedido una generación entera queda fuera de juego, con lo cual se pueden abrir espacios para una discusión mayor. Dentro, efectivamente tiene que haber un cambio constitucional porque como hemos visto la vacancia es usada a diestra y siniestra por los intereses más extraños y más individuales que puedan existir pero, antes de poner este tema, la pandemia en Perú es tan grande que también
se requiere un acuerdo político mínimo para paliarlos problemas de la crisis, enfrentar la definición presupuestaria con mucho cuidado, que no va ser un tema menor”, complementó.


Finalmente sobre la situación actual de la región, en que diversos países enfrentan crisis democráticas y graves violaciones a los derechos humanos, Lucía Dammert señaló que lo que se está viviendo responde a “un fin de época que efectivamente se cierra con un élite política y económica que por muchos años nos dijo que estábamos en democracia, pero que al final era como una cierta aristocracia con elecciones, y la ciudadanía ya está cansada de esto”.


Agregó que “si hay algo que todos los países latinoamericanos tienen es una política totalmente desgastada, que no renuncia a sus niveles de poder de antaño con prácticas en algunos casos efectivamente ilegales, en otros casos informales y que la única forma de justificar su poder es recurrir a la policía para que se conviertan en una guardia pretoriana del régimen, más que una política democrática. Eso es lo que hemos visto en todos los países de América Latina en los últimos ocho, diez meses, lo cuál requiere una revisión no solo del accionar policial, sino también del accionar político respecto de lo que se entiende de ese trabajo policial».

«Lo que hemos visto en Perú ayer es lo mismo que vimos acá en Chile y se llama brutalidad policial y ha terminado con violaciones de derechos humanos». finalizo Dammert.

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Lucía Dammert: “Por años se había dicho que la ciudadanía peruana tenía miedo de estar en la calle”

En: La República Perú

Fecha: 2020-11-14

Autor: Enrique Patriau

La doctora en ciencia política y profesora universitaria Lucía Dammert analiza en esta entrevista las protestas ciudadanas en el Perú luego de la vacancia contra Martín Vizcarra. Ofrece una comparación con lo que se vivió en Chile, país en el que reside. “Las marchas y protestas inorgánicas serán la norma, no la excepción”, señala.

¿Qué piensa de lo que está ocurriendo en Perú?

Lo que me parece interesante es la generación de una respuesta ciudadana que pocos esperaban. Por años se había dicho que el Perú era apolítico, que su ciudadanía tenía miedo de estar en la calle, que salía muy poco…

¿Se ha demostrado que no es verdad?

Por lo menos esta fue la gota que rebalsó el vaso frente a la pasividad y la espera de que el mundo de la elite política-económica resuelva cosas. Ya hemos visto situaciones en otros países en donde la protesta se toma la calle, el mundo político se queda en off-side y no sabe cómo moverse, interpretar, y ahí es donde se empieza con la represión policial y estos inventos de tratar de explicar la protesta, por intervenciones extranjeras o cualquier cosa. Lo que se ve en las calles es gente joven, que tiene una relación con la política que parecía muy distante. Repoblar el espacio público y el debate es una muy buena noticia.

La mala noticia es para nuestros políticos. Es un mensaje muy duro.

Sí. Transversalmente uno podría tratar de identificar uno que otro que se salva, pero lo que hay acá es un grado de hastío frente a una política que frustra. En Chile uno veía una casta política totalmente aislada que no conversaba con la ciudadanía, y en el caso peruano a eso se le suma altísimos niveles de corrupción, de opacidad. Y después viene la burla porque se han puesto ministros que no saben de sus temas, personas que no recibieron ni 10 mil votos haciéndose cargo del país.

Y con una agenda muy conservadora.

Con una agenda superconservadora, superretardataria. Es una élite política que ya debería jubilarse.

¿Diría que el caso Merino disparó la indignación?

Sí, es verdad. Cuando uno mira los procesos de protestas de los últimos años en el mundo entero, las más efervescentes generan más convocatoria que aquellas convocadas por los sindicatos o actores tradicionales.

La espontaneidad es más efectiva.

O la organización por otras redes. Muchos jóvenes que se comunican por WhatsApp por ejemplo se pueden haber sentido compelidos a participar, más allá de que las organizaciones políticas o quienes se sienten representantes de la voz del ciudadano hubieran convocado a la marcha. Y eso me parece una buena noticia. Cuando trataron de sacar a los fiscales (del caso Lava Jato) la manifestación fue un poquito más espontánea.

En el año nuevo de 2019.

Así es. O las marchas contra los feminicidios. Pero llamaba la atención, desde fuera, que salía un grupo de gente y rápidamente perdía magnitud. Lo que estamos vendo ahora parecería ser distinto, a pesar de la Covid y del toque de queda.

Usted vive en Chile. ¿Observa similitudes con la convulsión social que se vivió allá?

Lo primero que se puede decir es que entramos en una etapa en la que las marchas y las protestas inorgánicas van a ser la norma y no la excepción. Son protestas que van a incluir –es lo que pasó en Chile– a muchos grupos muy diversos, molestos con la forma en que se está desarrollando el país, que no votan por la misma persona pero que reconocen la necesidad de cambios estructurales. En el caso chileno, esto estuvo más vinculado al modelo de desarrollo, a los niveles de desigualdad.

¿Y en el caso peruano?

Lo veo mucho más vinculado a la corrupción de la política, al deterioro de la relación de los políticos con los ciudadanos.

¿A la escasa representación?

A la limitadísima representación. En el caso chileno hay una crisis de los partidos que, te diría, es mediana, mientras que en el caso peruano es terminal. En Perú, se han convertido en una sociedad limitada, donde lo que se hace es entregar escaños a cambio de favores, o de intereses. Hay algo muy importante: los que salen son menores de 40-35 años, que no vivieron la dictadura en Chile o década de los 80 en el Perú cuando todos tenían miedo de salir a la calle. Para la gente joven, esos dos fantasmas…

Son cosa del pasado.

De la prehistoria. Otra cosa común es que la elite política, en general mayor, no sabe leer estos movimientos y lo que hace es tratar de identificarlos con chivos expiatorios. En Chile se habló de los intereses cubanos, venezolanos, casi los rusos. A pesar de que lo del Perú está en su primer momento, son imaginarios que se construyen para quitarle legitimidad al reclamo de la calle. Ya inmediatamente después viene el imaginario de que los que marchan son narcotraficantes, delincuentes. Eso no ha pasado en Perú…

¿Y podría pasar?

Podría, si llegara a haber incendios o situaciones de mayor confrontación. El establishment vive en otro planeta. Uno escucha al premier (Flores Aráoz) y se pregunta: ¿qué hace ahí? No entiende el fastidio ciudadano.

Dijo que iba a consultar con sociólogos para que le expliquen la situación.

No hay que ser sociólogo para darnos cuenta de que la forma como habla el premier se llama violencia estructural, es tratarte como estúpido. Y lo que me parece vital es que cuando el establishment tiene esta desconexión con el mundo de la protesta, la solución es la represión policial. En Chile tenemos más de 6 mil denuncias de violaciones a los derechos humanos, mucha gente que quedó ciega por perdigones en los ojos y hay una crisis institucional profunda con la Policía por estos niveles de enfrentamiento. Y esto es lo que yo he podido observar estas 24 horas en Perú, donde la violencia policial se ha visto que es muy fuerte.

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Carabineros y Ciudadanía: Elementos de una relación compleja

En: Entrepiso

Fecha: 2020-08-28

Autor: Lucía Dammert

La relación de Carabineros con la ciudadanía ha pasado por momentos de amor y de odio en los últimos años. Reconocidos por su capacidad de protección, presencia y apoyo al ciudadano por más de dos décadas estuvieron entre las primeras instituciones con más altos niveles de confianza ciudadana. La autonomía y los excesos han traido esa percepción a niveles mucho más bajos (pero aún superiores a los partidos políticos, el Congreso y varias otras instituciones políticas). El mito de la policía incorruptible se hizo pedazos con los cientos de datos entregados sobre mecanismos de defraudación interna, negociados con compras, usos de gastos reservados, entre otros. La violencia policial invisibilizada se tomó el escenario central durante la segunda mitad del 2019 con cientos de personas que denunciaron todo tipo de situaciones que incluyen tocaciones sexuales hasta uso excesivo de balines, agua con químicos entre otros. ¿Cómo afectó esta situación en la percepción ciudadana?

Entre diciembre 2019 y marzo 2020 realizamos una encuesta en la Región Metropolitana para un proyecto de investigación sobre legitimidad policial. Dados los altos niveles de opacidad institucional, los limitados fondos para estudiar la policía y las complejidades propias de la politización de ese debate, partimos por relevar la percepción que la ciudadanía tiene sobre Carabineros y desde ahí tratar de reconocer elementos claves para una necesaria reforma. Hoy destacamos cuatro hallazgos interesantes:

  1. El temor ciudadano es latente. Pase lo que pase con las cifras de denuncia o las encuestas de victimización, la ciudadanía tiene miedo. 
    1. 80% cree que la delincuencia aumentó respecto al año anterior.
    2. 53% cree que nadie o los vecinos solos se hacen cargo de la seguridad de sus barrios.
    3. Más de la mitad de la población encuesta no se siente seguro caminando solo por la ciudad o caminando solo por su barrio de noche. La presencia de carabineros en ambas circunstancias no disminuye el temor.
  2. Seguridad por libertad. El temor genera respuestas desesperadas en la población. Así 27% aprobaría guardias privados armados, 32% vigilancia de redes sociales para obtener información, 42% escuchas telefónicas, 66% uso de drones y 82% instalación de cámaras de seguridad.
  3. Carabineros es peor evaluado en sus tareas centrales.  El máximo de evaluación del desempleño policial se obtuvo en “control del transito” con 4,7 y de ahí las tareas policiales son evaluadas aprobando ligeramente salvo en dos temas centrales “control de armas de fuego” con 3,9 y “control del narcotráfico” con 3.7.
  4. Los problemas de la legitimidad.   En general los ciudadanos no creen que Carabineros respete los derechos humanos, aplique la Ley a todos por igual, no discrimine o explique su accionar. Es decir las bases mismas de una policía legitima están puestas en duda.

La tarea de reformar Carabineros es urgente e ineludible. La misma requiere de una acción conjunta de gobierno, partidos políticos, expertos, sociedad civil y por supuesto la institución policial. Avanzar con información es la única forma de asegurar un camino serio y sólido de transformación pero eso implica abrir espacios de investigación, de colaboración y sobretodo reconocer que la crítica es clave para definir desafíos.

Desde marzo la pandemia ha transformado la agenda mundial y Chile no es una excepción. Los problemas urgentes sobre reforma policial pasaron a un segundo plano y parecen hoy ubicarse por debajo de las cientos de notas de prensa que destacan la entrega, rapidez, profesionalismo y acción institucional. Al parecer durante la pandemia los expertos dejaron de ser interesantes para estas notas que se centran casi únicamente en la voz institucional. Pero no hay que confundirse, la opinión ciudadana no va a cambiar por unos meses de cumplir con su labor y nuestros estudios reconocen que si no hay transformaciones claves, la crisis de confianza y legitimidad continuará.

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#Conversaciudadana con Lucía Dammert: «Carabineros debe asegurar seguridad, lo que significa que ellos no deben ser una amenaza para la ciudadanía»

En: Horizonte Ciudadano

Fecha: 2020-04-12

Autor: Paulina Vodanovic

La presidenta del directorio de la Fundación Horizonte Ciudadano, la abogado Paulina Vodanovic, en nuestro programa #ConversasCiudadanas, dialogó con la socióloga y experta en temas de seguridad ciudadana, investigación en reforma policial y políticas públicas, Lucía Dammert, sobre la situación de Carabineros y los cambios que debe sufrir la institución, que alcanzó altos niveles de cuestionamientos ciudadanos durante el estallido social.

Lucía Dammert (L.D.): “A fines del año pasado este era el año de la Reforma Policial, porque había consenso muy amplio en el mundo político. Incluso llegaba a tener un capítulo importante de reforma en el Ministerio del Interior, que es quien gobierna las policías en Chile.

Con la pandemia, las policías, en Chile y el mundo ganan un espacio en el cuidado de la población. Por eso es posible ver que en las encuestas ganan espacios de mayor reconocimiento. Y ellos, como institución, aprovechan la oportunidad.

En este nuevo contexto es difícil pensar en reformas profundas. Pero viendo el vaso medio lleno hay un reconocimiento institucional de que son necesarios los cambios. Y quiero creer que los dos años de gobiernos restantes se impulsarán cambios, en los niveles de transparencia.

Es muy importante que una vez pasada la pandemia, los conflictos sociales y económicos se deben resolver políticamente sino volverán a resolverse policialmente, y los resultados están patentes”.

Paulina Vodanovic (P.V.): ¿Crees que está desdibujado el rol de Carabineros? En la carta que el general director, Mario Rozas, publicó en El Mercurio expresa que están entregando información por el covid-19, entre otras tareas que no necesariamente son del tipo de seguridad que deben prestar.

L.D.: “Ellos tienen la misión de asegurar la seguridad de la población, que la ciudadanía se pueda mover tranquila, sin sensación de amenaza en las calles; esto significa que ellos mismos no deben ser una amenaza para el movimiento de la ciudadanía.

Con respecto a la carta del general director, sí, me sorprendió la columna. Me quedó una sensación de deuda, de nosotros la ciudadanía, a la institución, como si le debiéramos cierto agradecimiento.

Es cierto que Carabineros y las policías del mundo están realizando una tarea que durará mucho tiempo, eso se debe reconocer, pero lo que hacen es parte de su función.

En ese contexto, como contraprestación, el Estado les ha dado un programa de pensiones profundamente beneficioso, con sistemas de compensación salarial importante. La policía chilena, en comparación con otras de Latinoamérica, no tiene precariedades. Y eso que manifiesta en que el presupuesto de Carabineros ha aumentado desde 1990 casi sin preguntas».

P.V.: Pero este aumento constante de recuerdos ¿Ha incidido en un mejor desempeño profesional?

L.D.: “Nosotros tenemos una policía con los oficiales de Carabineros que deben ser los de mayor y mejor formación, por lejos, tienen en América Latina.

Son cuatro años de formación, con capacidad de viajes, instrucciones; el problema es que en los sistemas democráticos alguien tiene que, sí o sí, vigilar a los vigilantes.

Yo soy de quienes creen que necesitamos un Estado fuerte, y, más allá del contexto, evidentemente, las policías no pueden autorregularse, porque sino terminamos con casos como intentaron que pasara como el homicidio de Camilo Catrillanca. Y Información más fresca aún, el reciente informe interno respecto a Gustavo Gatica, que perdió la visión, y del que aún no se tienen responsabilidades.

En este contexto, creo que no podemos perder de vista el fortalecimiento de la capacidad de la sociedad civil, del Legislativo y, por su puesto, dentro del Gobierno, el Ministerio del Interior, para que esté detrás de la toma de decisiones y deje de ser solamente un buzón que recibe oficios y los firma.

P.V. Nos preguntan en nuestro Live de Instragram, ¿quién vigila a los vigilantes?

L.D.: “Estamos en una crisis que no ha terminado. Y el Gobierno debería establecer una comisión transversal de seguimiento en la reforma. Esta unidad es la que tiene que empezar a mirar, cuáles son los procedimientos que se emplean.

Por ejemplo, para la formación de Derechos Humanos, la institución tiene la capacidad para traer dentro de un mes una propuesta cerrada, con los acuerdos internacionales, y decir: ‘Ok, aquí está, lo hicimos´.

Y esto es lo que se tiene que cambiar, tiene que existir una mesa con gente del Estado, con funcionarios de carrera que sepan del tema; expertos, gente de la sociedad civil, que pueda discutir, porque en el área de la formación de Carabineros, la mayoría de los profesores son excarabineros, que no necesariamente están al día con la información.

Asimismo, generar una instancia de seguimiento, de evaluación de las políticas públicas, donde se hagan preguntas, como por ejemplo, por qué dar más recursos a un Plan Cuadrante.

También ocurre que Carabineros tiene la capacidad para definir qué universidad contratar para realizar estudios, que finalmente son secretos y de los que se desconocen los resultados. Esa falta de transparencia es el primer paso que se debe dar.

La opacidad en esta institución no es sólo en su gestión sino también en lo financiero. Cuando una mira la institución desde afuera se ve redonda, que cumple con los objetivos, el problema es que las metas se definen, se cumplen, se revisan y se avisan desde el interior de Carabineros.

P.V: ¿Por qué crees que existe este exceso de autonomía?

L.D: “Lo que creo es que desde 1990 Carabineros fue visto como una solución y no cómo un problema. Había problemas en Salud, Educación, en Vivienda, numerosos problemas sectoriales; y cuando venía el tema de Carabineros se llegaba a que primero, la gente los quiere; segundo, los valora; tres, a los alcaldes y a los políticos les gustan.

Entonces, el único momento que se abre una ventana es desde octubre en adelante ¿Por qué? Porque la violencia llega a Santiago, al kilómetro cero, y es posible ver cómo opera la institución.

Lamentablemente esta no era una situación nueva, sólo hay que mirar los informes del INDH de los últimos diez años en el país.

Hay tantos casos, como la agresión a Rodrigo Avilés, que lo dejó con lesiones de por vida y, se pensaba que este tipo de hechos eran una excepción, pero se transformaron en una norma desde el 18 de octubre.

En América Latina no ha habido reformas estructurales, en ese contexto, me pregunto si Chile necesita carabineros oficiales de clase A, que lo único que los diferencia de los carabineros de clase Z, los suboficiales, es que tuvieron el dinero para pagarse cuatro años de educación y otro no. Más aún, el que se paga los cuatro años de educación generalmente es familiar de un oficial de Carabineros.

P.V.: Por muchos años Carabineros logró instalar confianza con acciones comunicacionales como “Un amigo en tu camino”, que finalmente devino en “Un violador en tu camino”… ¿Cómo viste el proceso de las movilizaciones respecto al accionar policial?

L.D.: “Es complejo porque hubo un proceso muy marcado de solucionar problemas políticos mediante la acción policial, y la policía se convirtió en un motor para el espiral de violencia. Y lo que pasó en Chile fue que Carabineros se transformó rápidamente en el enemigo.

Esto tampoco fue de un día para otro: cuando ves que en un año hubo cuatro millones de controles de identidad, que evidentemente no están dispersos en el territorio de forma aleatoria.

Yo creo que lo que hace el 18 de octubre es que el ciudadano que no creía que las fuerzas policiales eran violentas, se dio cuenta que existe un problema muy fuerte con la construcción de orden público.

En ese sentido, lo que creo es que tiene que haber un cambio estructural: no es decir ‘Vamos a cambiar el nombre de Fuerzas Especiales por otro’. Lo primero que hay que pensar es que la policía no está para resolver problemas políticos, porque cuando lo hacen generan lo que hicieron post 18 de octubre.

Pero para sintetizar, no puede haber impunidad en los Derechos Humanos con lo que ocurrió en los últimos meses. Ese sería el peor caldo de cultivo.

Por eso, la filtración del informe con la declaración del general director, Mario Rozas, que dijo no saber qué pasó con Gustavo Gatica genera tanto horror, porque da vida a un manto de impunidad que es muy malo para la democracia y la institucionalidad».

P.V.: En los primeros días de las manifestaciones, el general director, dijo, en un audio que se filtró, que no habrían sancionados ante las denuncias contra la institución. Después dijeron que el audio estaba trucado, pero queda esa sensación de impunidad que se agudiza cuando nos enteramos que pese a la cantidad de sumarios son muy escasos los sancionados y cerrados. Queda la duda de cuánto quiere Carabineros esclarecer los hechos.


L.D.: “Hay libros que cuentan, desde inicios de los noventa, que cada vez que había una denuncia contra Carabineros, por uso indebido de la fuerza, la institución, casi inmediatamente se iba contra el civil por maltrato de obra y comenzabas a caminar en un camino oscuro con la Justicia Militar. Muchas veces la víctima terminaba pagando”.

P.V.: ¿Cómo crees que será la reforma a la policía?

L.D.: “Quiero ser optimista, creo que efectivamente tenemos que ir hacia un cambio estructural del sector seguridad, y que estos dos años que restan al Gobierno sirvan para hacer cambios que se requieren.

Además, en las Presidenciales, ojalá, las propuestas no sea aumentar penas, castigos u ofrecer mayores dotaciones, sino que se vaya al centro de lo que estamos discutiendo ahora”.

P.V.: Asimismo, aumentar las dotaciones, finalmente, se transformó en un problema, por los filtros de ingreso.

L.D.: “Cuando miras que las instituciones crecen y buscan más facultades, lo que buscan es construir más poder. Y, en este caso, se ve con Carabineros, que está muy interesado en ciertas áreas, en mantener su hospital, tienen un área especializada en permiso y mantención de seguridad privada, la que tiene miles de problemas adentro, porque mucha de la gente que es contratada por la seguridad privada es personal policial retirado.

Hay miles de temas que tenemos que discutir; espero que el mundo de la política dé el paso para tener una policía verdaderamente democrática, que permita fortalecer los niveles de justicia e inhiba lo que podría llegar a ser una recuperación de un estallido social, para evitar que se repita lo que ocurrió en Chile durante varios meses tras el 18 de octubre».