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Lucía Dammert y crisis en Perú: «La ciudadanía ve un grupo con prácticas mafiosas tratando de hacerse del Estado»

En: Diario UChile

Fecha: 2020-11-15

Autor: Andrea Bustos

La socióloga comentó con Radio Universidad de Chile la crisis que vive el vecino país, y aseguró que hoy no existen fuerzas políticas capaces de conducir a Perú. Así, ante la salida de Merino, indicó, «existe acá un espacio libre para ver que liderazgos van a hacer sintonía con la ciudadanía y van a emerger en los próximos meses”

La situación de crisis política y social que enfrenta Perú es grave y se ha complicado con el paso de los días. La última jornada de manifestaciones estuvo marcada por la brutalidad policial que dejó dos personas fallecidas y decenas de heridos.


Además, el reconocimiento de Manuel Merino como mandatario no ha tenido éxito, y el presidente del Congreso le dio un ultimátum para dejar el cargo, por lo que su continuidad parece ser inviable.

En conversación con Radio Universidad de Chile, la socióloga y doctora en Ciencia Política Lucía Dammert abordó la crisis que vive el vecino país, y señaló respecto que el poco apoyo que ostenta Manuel Merino se debe a que su llegada al poder está marcada “por un enorme pecado de origen”, dada la destitución de Martín Vizcarra.

“Una destitución que se hizo en contra de lo que la ciudadanía esperaba, en contra de lo que era lo razonable en un país que está enfrentando el COVID, orquestada por unos congresistas que tienen bajísimos niveles de reconocimiento ciudadano. Además, sus primeras medidas han sido autoritarias, retardatarias, tratando de permitir cosas que sabemos que están mal, por ejemplo, universidades de mala calidad, minería ilegal en la Amazonia”, explicó.


A ello Dammert agregó que se suma la precariedad del gabinete de Merino, el que tiene poca experiencia y mantiene una agenda particular. “La sensación que tiene la ciudadanía no es de protección del presidente Vizcarra, sino que acá lo que hay es básicamente un grupo con prácticas mafiosas que lo que están tratando es de hacerse del Estado, de la discusión presupuestaria y eso terminó de molestar sobre todo en la gente más joven que salió a la calle”.

Según explicó la académica de la Universidad de Santiago, el nombramiento de Ántero Flores-Aráoz como premier es otra de las acciones que han generado problemas para Merino, dado que es conocido por ser racista, misógino y defensor de intereses al límite de lo criminal, sumado a que ha tenido un muy mal manejo comunicacional de la crisis.

“Finalmente entre eso y las declaraciones de sus ministros se genera la gente saliendo a las calles a marchar y la solución -como lo vimos en Chile – termina siendo el uso de la policía, la violencia policial y eso que tal vez otrora hubiese generado una disminución de la protesta, en este caso lo único que hace es que alienta a la gente a seguir saliendo y termina poniendo en seria duda a aquellos que efectivamente apoyan a Merino”, agregó.


Además, la socióloga comentó que el poco apoyo con el que se mantiene el jefe de Estado transitorio hace prever que su mandato no tendrá mayor futuro: “Como él salió electo con una coalición débil, esa misma coalición a medida que fue viendo que no tenía ningún apoyo se ha ido resquebrajando, entonces probablemente va a ser un presidente efímero, pero con una tremenda responsabilidad histórica no solo por los dos fallecidos, sino también por la crisis política que deja en el Perú”.

Por otra parte, Lucía Dammert comentó que hoy no existen coaliciones o fuerzas políticas capaces de conducir al país en este escenario, por lo que lo importante ahora es que el Congreso busque un nuevo Ejecutivo que se haga cargo de un proceso de transición. “La mayoría de los partidos más conocidos o se quedaron callados, como Keiko Fujimori, o han colaborado con este gobierno autoritario, entonces existe acá un espacio libre para ver qué liderazgos van a hacer sintonía con la ciudadanía y van a emerger en los próximos meses”, aseveró.

En esa línea, respecto de las futuras elecciones en Perú, programas para abril, Lucía Dammert señaló que quienes se hagan cargo de la transición deben garantizar que el proceso sea democrático y se mantenga como está establecido.

“Si siguiera Merino en el cargo yo creo que habría enormes dudas respecto al proceso, a la forma, al conteo de los votos, etc. Sin embargo, yo ya doy por descontado que Merino va dejar de ser presidente de la República y, en ese sentido, confío en que el Congreso, dada la gravedad de la situación en Perú, elegirá un equipo de transición que permita tener la suficiente altura de la situación en Perú, elegirá un equipo de transición que permita tener la suficiente altura de miras para identificar cuáles son las leyes de los procesos electorales, cómo se tiene que seguir. Pero yo dudo que cambien las fechas, más bien lo que puede abrirse es un debate de nuevos liderazgos, pero cambiar las fechas o entrar en ese tipo de discusiones creo que generaría más incertidumbre”, comentó la académica.


En otro punto, sobre la forma de salir de la crisis generalizada que vive Perú y que se ha evidenciado con serios problemas en los gobiernos de los últimos 30 años, la doctora en Ciencia Política indicó que la clave es l a ciudadanía participe para generar nuevos espacios de liderazgo.


“Yo creo que acá un paso super importante que la ciudadanía se dé cuenta del nivel de podredumbre, de desprestigio y de precariedad del mundo político, que fue electo con muy poquitos votos pero que fue electo hace no mucho. El despertar de la gente más joven, específicamente los que están en las calles, esperemos que también se transforme en decisiones electorales”, indicó.

“Creo que con esto que ha sucedido una generación entera queda fuera de juego, con lo cual se pueden abrir espacios para una discusión mayor. Dentro, efectivamente tiene que haber un cambio constitucional porque como hemos visto la vacancia es usada a diestra y siniestra por los intereses más extraños y más individuales que puedan existir pero, antes de poner este tema, la pandemia en Perú es tan grande que también
se requiere un acuerdo político mínimo para paliarlos problemas de la crisis, enfrentar la definición presupuestaria con mucho cuidado, que no va ser un tema menor”, complementó.


Finalmente sobre la situación actual de la región, en que diversos países enfrentan crisis democráticas y graves violaciones a los derechos humanos, Lucía Dammert señaló que lo que se está viviendo responde a “un fin de época que efectivamente se cierra con un élite política y económica que por muchos años nos dijo que estábamos en democracia, pero que al final era como una cierta aristocracia con elecciones, y la ciudadanía ya está cansada de esto”.


Agregó que “si hay algo que todos los países latinoamericanos tienen es una política totalmente desgastada, que no renuncia a sus niveles de poder de antaño con prácticas en algunos casos efectivamente ilegales, en otros casos informales y que la única forma de justificar su poder es recurrir a la policía para que se conviertan en una guardia pretoriana del régimen, más que una política democrática. Eso es lo que hemos visto en todos los países de América Latina en los últimos ocho, diez meses, lo cuál requiere una revisión no solo del accionar policial, sino también del accionar político respecto de lo que se entiende de ese trabajo policial».

«Lo que hemos visto en Perú ayer es lo mismo que vimos acá en Chile y se llama brutalidad policial y ha terminado con violaciones de derechos humanos». finalizo Dammert.

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#Confluencers | Lucía Dammert | Derecho a la protesta

En: Democracia Abierta

Fecha: 2020-11-13

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Columnas

La democracia militar

En: The Clinic

Fecha: 2019-05-05

Autor: Lucía Dammert

El régimen de Maduro pasa a consolidar el rol militar, de hecho lo convierte en su espina dorsal. A medida que más poder ganan los mandos militares en Venezuela, mayor evidencia se acumula sobre tu vinculación directa con mecanismos organizados de tráfico de drogas y lavado de activos. La información es opaca y muchas veces tendenciosa, pero las muestras de esta sinuosa relación son innegables.

En las últimas décadas el rol de las Fuerzas Armadas en Venezuela ha mutado de la tradicional protección de la soberanía nacional hacia la protección de la revolución bolivariana. Hugo Chávez siempre reconoció el rol que tenían los militares en el desarrollo de un modelo que transformaría la arquitectura del poder tradicional. No sólo se cambiaron sus funciones y misiones sino que se los involucró activamente en roles claves en sectores estratégicos como la gestión de la reconstrucción del país, la distribución de alimentos y la industria petrolera.

Pero para entender porqué se llegó a esta situación vale la pena un breve repaso histórico. Venezuela fue un país rico, gobernado por una élite pequeña y poderosa que hasta fines de los 90s se benefició a manos llenas del petróleo, con bajos niveles de regulación y alta evidencia de corrupción. De la mano de la crisis llegó el ex Teniente Coronel Hugo Chávez, que con una retórica encendida y un programa que buscaba mayor equidad social y redistribución, estuvo al mando del país entre 1998 y el 2013 año que falleció. Chávez supo conquistar al pueblo venezolano que lo apoyó en múltiples procesos eleccionarios y se benefició de más y mejores programas sociales. Sin embargo, desde inicios de los 2000 la corrupción y la ineficiencia en el manejo gubernamental se volvieron temas notorios. El Chavismo fortaleció a las Fuerzas Armadas y conformó colectivos ciudadanos (paramilitares) con el objetivo de cuidar su revolución.

Post Chávez, llegó Nicolás Maduro con una elección ajustada, y en proceso de una profunda crisis económica. Para el año 2018 la migración se torna en éxodo, la crisis económica en miseria y la corrupción en status quo. Las elecciones de ese año han sido consideradas dudosas por múltiples analistas e incluso gobiernos que reconocieron posible manipulación.

El régimen de Maduro pasa a consolidar el rol militar, de hecho lo convierte en su espina dorsal. A medida que más poder ganan los mandos militares en Venezuela, mayor evidencia se acumula sobre tu vinculación directa con mecanismos organizados de tráfico de drogas y lavado de activos. La información es opaca y muchas veces tendenciosa, pero las muestras de esta sinuosa relación son innegables. La militarización del régimen pierde todo pudor. En el año 2017 se marcó la mayor presencia militar cuando de un total de 33 ministerios, 12 estaban en manos de funcionarios militares (37,5%). Además de los miles de funcionarios de rango medio que ejercen labores desde su rol activo o en retiro de alguna de las ramas, pero el ejército tiene un rol primordial. Por más de dos décadas los militares han sido formados, entrenados y dirigidos a reconocer su importante rol político en el país.

Más allá de la necesaria muralla china que se requiere entre la política y los militares, en Venezuela se ha establecido una relación carnal. Sin el apoyo militar no se sustenta Maduro y su régimen. Pero tal vez sin Maduro, los militares no perderían muchos de los espacios de poder ganados. La paradoja es evidente. Las acciones, fallidas o no, de Juan Guaidó de las últimas semanas, han servido para evidenciar la importancia militar y su rol estratégico. Porque más allá de lo que digan algunos medios de comunicación, las Fuerzas Armadas han sabido mantener niveles de control del territorio y de situaciones altamente complejas. Es verdad que para eso tienen a los colectivos, pero bien podrían convertirse en una fuerza que utilice su capacidad de fuerza contra la población.

En Cúcuta la ayuda humanitaria no pasó la frontera y el día que se liberó a Leopoldo López no se sumó prácticamente ningún mando relevante. Pero tampoco se desató una masiva batalla campal. Algo es cierto. La transición tendrá ritmo militar. Las imágenes post liberación de Leopoldo López son claras, Maduro rodeado de militares, caminando por las calles y solicitando no el apoyo popular, sino el uniformado. Por otro lado, la injerencia del gobierno norteamericano es evidente, no tanto por filtraciones sino por la necesidad casi patológica de algunos en afirmar que la desobediencia militar está en camino, que los generales están conversados, que el diálogo para la transición pactada ha sido fuerte. Mucho ruido, poco resultado.

Todo indica que en Venezuela algunos generales si tienen quien les escriba. De hecho, saben que se han convertido en el vértice de un proceso democrático posterior donde la negociación incluirá un lento retroceso de su involucramiento político, aún más lento alejamiento de las principales actividades productivas y casi nulo desarrollo de procesos judiciales. El escenario es de una enorme complejidad. En la desesperación por cambiar el a Maduro pueden generarse negociaciones que instalen una democracia militar, no muy distinta a lo que vemos hoy. No sería la primera vez que el gatopardismo se instale en la política latinoamericana, uno donde “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. La salida de Maduro sin duda que es un elemento clave para la transición en Venezuela pero lo más relevante es consolidar el alejamiento real de los militares del control político en el país.

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Charlas

Seminario «Populismos o consolidación democrática: Dilemas para América Latina»

Medio: CIEPLAN – Universidad de Talca

Fecha: 2018-12-27