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Lucía Dammert: “La destrucción de droga es clave y no se soluciona con darle más poder a la policía”

En: The Clinic

Fecha: 2020-06-10

Autor:  Camilo Espinoza

La socióloga especialista en seguridad, crimen y gobernabilidad enciende las alertas por una de las seis medidas anunciadas en el proyecto de Ley Antinarcos sobre facultar a Carabineros para el análisis, almacenamiento y destrucción de la droga. En tres preguntas con The Clinic, la experta advierte que «en la mayoría de países se ha puesto especial énfasis en mecanismos de tratzabilidad y aseguramiento de la droga incautada, ya que mucha regresa a la calle».

El Presidente de la República, Sebastián Piñera, anunció este martes el envío al Congreso de un proyecto que supuestamente busca endurecer la llamada Ley Antinarcos.

Se trata de seis medidas que incluyen “ampliar las entidades que pueden realizar el protocolo de análisis químico de la droga”, que actualmente está en manos de los servicios de salud.

El mandatario aseguró que “para poder ampliar esa capacidad se incorpora también a Carabineros para que pueda realizar esos análisis químicos de la droga, y además se faculta también a Carabineros para almacenar y destruir la droga”.

La iniciativa se ganó rápidamente críticos. Entre ellos algunos parlamentarios y también la académica especialista en temas de seguridad, crimen y gobernabilidad de la Universidad de Santiago (Usach) y directora de Espacio Público, Lucía Dammert.

En conversación con The Clinic, la socióloga reconoce que si bien “aún no se saben los detalles de la propuesta”, advierte que este era un tema que no estaba en la agenda de reforma a Carabineros y que la solución de aumentar las funciones policiales “es justamente lo que se ha puesto en duda con el proceso de reforma policial”.

“Va en contramano de lo que se estaba conversando y que, al menos, en mi calidad de experta, me permite afirmar que el gobierno cree que entre parches y anuncios mediáticos resolverá la crisis de legitimidad policial que vivimos el 2019“, critica.

Piñera anunciando proyecto de endurecimiento de la Ley Antinarco. Foto: Agencia UNO

¿Cuáles son los mayores peligros o riesgos de entregarle estas atribuciones a Carabineros?

– El tema de las drogas requiere ser enfrentado con mucho cuidado. Las instancias que entregan la cualidad de la droga, peso, almacenaje y destrucción, tienen que tener una distancia de la institución que es la encargada de controlar su tráfico y venta. En Chile no son pocos los casos donde los reactivos iniciales de drogas, o el peso que estiman las policías, luego cambian con las pericias posteriores. Hoy el sistema tiene serios problemas y hay evidencia anecdótica de almacenaje en lugares inseguros e incluso posible “pérdida” de droga.

¿Qué es lo más importante que deben considerar las autoridades a la hora de tomar medidas como esta?

– La destrucción es clave y no se soluciona con darle más poder a la policía. La destrucción de droga siempre cuenta con presencia policial, pero también de salud pública para asegurar que no haya dudas sobre el material que se está destruyendo, pureza y además para el uso correcto de los mecanismos de destrucción.

¿Cómo funciona en otros países? ¿Son las policías las encargadas de estos procedimientos?

– En otros países hay modelos diversos, pero cautelar la legalidad del accionar policial, especialmente cuando se pone énfasis en la guerra contra las drogas, es clave. No conozco muchos casos, pero en Uruguay, por ejemplo, la custodia tiene sistema de doble llave (guardia republicana y el Instituto Forense para tener algún control). Ambos definen también cómo y dónde se destruye la droga. También hay un tema de volúmenes, por ejemplo, en Argentina en general la cocaína queda en recintos judiciales y la marihuana, que generalmente es más cantidad, queda en recintos judiciales de la policía. Pero la realidad es que en la mayoría de países se ha puesto especial énfasis en mecanismos de trazabilidad y aseguramiento de la droga incautada, ya que mucha regresa a la calle.

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¿Avance del narco?

En: The Clinic

Fecha: 2020-05-29

Autor: Lucía Dammert

Lo que en los matinales se ha llamado la narcobeneficiencia no es más que una práctica muy común de los grupos organizados en situaciones de crisis en los territorios o espacios donde el Estado no está presente o donde la capacidad de corrupción de funcionarios locales y nacionales crece.

La pandemia y la cuarentena han permitido visibilizar las grietas más profundas de nuestras sociedades. Las carencias estructurales y la desigualdad se habían empezado a instalar en el centro de la agenda con el estallido social. La imposibilidad de un desarrollo social justo en una ciudad fragmentada, segregada y discriminatoria también. Algunos rápidamente concluyeron que la violencia se vinculaba con la presencia del “narco”, concepto totalmente flexible para muchos opinólogos y medio de comunicación. 

En plena cuarentena aparece nuevamente el “narco” con sus fuegos artificiales, funerales y entrega de beneficios a la ciudadanía. Nada nuevo, pero ahora mucho más espectacularizado y evidente.  Y digo aparece porque no es un fenómeno nuevo sino por el contrario instalado por décadas en múltiples territorios específicos donde la vulnerablidad, la corrupción y el abandono institucional son evidentes. No hay que olvidar que según datos de la CASEN del año 2017,  casi 2.4 millones de personas residen en hogares donde al menos uno de sus integrantes declaró haber presenciado tráfico de drogas o balaceras o disparos. Estamos hablando de el 13,5% del total de la población nacional que vive en territorios donde el accionar de grupos criminales es cotidiano. 

No hay que olvidar que según datos de la CASEN del año 2017,  casi 2.4 millones de personas residen en hogares donde al menos uno de sus integrantes declaró haber presenciado tráfico de drogas o balaceras o disparos.

La pandemia impacta a los que se dedican al delito e incluso a las organizaciones criminales. No sólo porque las cuarentenas afectan el negocio y visibilizan los canales legales/informales/ilegales de comercialización; sino también porque pone en riesgo a sus miembros del Covid19. Su poder territorial puede verse limitado pero no hay que confudirse, las crisis también permiten avanzar en sus capacidades y habilidades en el mediano y largo plazo. La experiencia internacional es clara y se resume en una reciente declaración del Saviano, especialista en mafia, en el diario italiano La Repubblica “Cuando tienes hambre, buscas pan y no preguntas de qué horno proviene o quién te lo da; cuando necesita un medicamento, lo compra y no se pregunta quién es el vendedor. Solo en tiempos de paz y prosperidad tienes una elección”.

Primero es clave definir que el “narco” del que hablamos es aquel que constituye parte de una organización criminal con control territorial, esquema de comercialización de drogas y otros productos y posiblemente una red de conexiones legales/informales/ilegales. Es decir, grupos que tienen diponibilidad de dinero lo que les permitirá “ayudar” a vecinos y pequeños comercios en el corto plazo. La ayuda llega con posteriores demandas, pero también con la consolidación de redes de lealtad local. Lo que en los matinales se ha llamado la narcobeneficiencia no es más que una práctica muy común de los grupos organizados en situaciones de crisis en los territorios o espacios donde el Estado no está presente o donde la capacidad de corrupción de funcionarios locales y nacionales crece. 

Si bien en algunos casos la “ayuda” se disfraza de regalo, los préstamos ilegales son la formula más utilizada para penetrar pequeños y medianos negocios que terminan siendo parte de la industria criminal. Préstamos que traen de la mano el desarrrollo potencial de extorsiones y por ende violencia, lesiones e incluso homicidios. La información en Chile sobre estos procesos es aún incipiente pero es clave estar alertas para evitar el incremento de la violencia letal. 

Lo que llamaremos “control territorial con empatía” permite además que cientos de jóvenes y niños que quedarán al margen del mercado laboral e incluso deserten de la educación formal debido a la crisis económica, vean en las organizaciones criminales un espacio de inserción.  Está documentado también que los “soldados” aumentan su presencia en situaciones de crisis, situación que también complejiza la relación entre los grupos y puede generar una pelea por territorios. 

Está documentado también que los “soldados” aumentan su presencia en situaciones de crisis, situación que también complejiza la relación entre los grupos y puede generar una pelea por territorios. 

El panorama no es alentador y se podría decir que post Covid-19, las mafias del mundo entero verán redefinido sus espacios de acción, sumando con mucha fuerza el mundo ciber, pero también aumentado sus posibles negocios, en el área turismo por ejemplo. El Chile, el narco avanza sobre los espacios que abandona el Estado. La relación es de cómplice activo/pasivo y se ha consolidado por décadas en las que nos quedamos con la tranquilidad de culpar al “narco” por los problemas de la exclusión y violencia que se viven en los márgenes urbanos. 

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Crimen organizado y pandemia

En: La Tercera

Fecha: 2020-05-27

Autor: Lucía Dammert

Narcobenefactores, narcofunerales y narcofiestas, son algunos de los conceptos acuñados por la política y la prensa en las últimas semanas. En este contexto, es imposible saber si todos los homicidios tienen efectivamente vinculaciones con el mercado de la droga, ajustes de cuentas o incluso sicariato. En Chile, donde la mayoría de los homicidios ocurren entre personas conocidas o incluso familiares, los resultados de la investigación policial nos podrían alertar de esta transformación. Antes es todo especulación.

Lo que no hay duda es que la pandemia se convertirá en un terreno fértil para el desarrollo y consolidación de organizaciones criminales en territorios donde el Estado históricamente ha estado ausente o ha jugado un rol ambivalente.

Para prevenir esta compleja coyuntura, algunos proponen vigilancia por parte de las Fuerzas Armadas o ley antifiestanarco o creatividades legales similares. Poca evidencia de la efectividad de estas medidas.

Se debe cambiar la forma como se ha enfrentado el mundo criminal a partir de cinco elementos preventivos: 1. Aumentar la presencia efectiva del Estado en los territorios más violentos, con policía pero también con educación, salud y empleo. 2. El accionar policial no puede estar únicamente centrado en la represión, construir confianza y colaboración con la comunidad es clave para lograr legitimidad. 3. Diseñar un programa para enfrentar el posible aumento de la deserción escolar es urgente. 4. Hay que tomarse en serio el consumo problemático de drogas de todo tipo y generar una red de protección sólida. 5. Lucha frontal contra la corrupción, a todo nivel y adscripción institucional, que puedan estar de forma activa o pasiva permitiendo el accionar criminal.

Desde el control, se torna urgente avanzar sobre cinco escenarios: 1. Aumento del control territorial de grupos dedicados a la venta de drogas que requiere inteligencia policial y capacidad interagencial. 2. Aumento de los ciberdelitos, que pasan de estafas o clonaciones a extorsiones. 3. Consolidación de un mercado informal de préstamos que termina consolidando lealtades, también la violencia en la forma de vinculación con la ciudadanía. 4. Expansión de las actividades vinculadas al lavado de activos, que en épocas de crisis económica pueden florecer. 5. Aumento de los delitos violentos, es decir una normalización del uso de armas para situaciones que previamente eran consideradas específicas.

Tenemos que reconocer que la criminalidad organizada no es un mundo paralelo que pelea de forma permanente contra el Estado. Por el contrario, su articulación con la legalidad es constante. El número de barrios peligrosos/prioritarios/complejos ha crecido de forma sistemática las últimas tres décadas, es hora de hacer algo distinto.

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#DebateAFondo sobre narcotráfico en Chile

Medio: Fondo de Cultura Económica (FceChile)

Fecha: 2019-10-11