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La democracia militar

En: The Clinic

Fecha: 2019-05-05

Autor: Lucía Dammert

El régimen de Maduro pasa a consolidar el rol militar, de hecho lo convierte en su espina dorsal. A medida que más poder ganan los mandos militares en Venezuela, mayor evidencia se acumula sobre tu vinculación directa con mecanismos organizados de tráfico de drogas y lavado de activos. La información es opaca y muchas veces tendenciosa, pero las muestras de esta sinuosa relación son innegables.

En las últimas décadas el rol de las Fuerzas Armadas en Venezuela ha mutado de la tradicional protección de la soberanía nacional hacia la protección de la revolución bolivariana. Hugo Chávez siempre reconoció el rol que tenían los militares en el desarrollo de un modelo que transformaría la arquitectura del poder tradicional. No sólo se cambiaron sus funciones y misiones sino que se los involucró activamente en roles claves en sectores estratégicos como la gestión de la reconstrucción del país, la distribución de alimentos y la industria petrolera.

Pero para entender porqué se llegó a esta situación vale la pena un breve repaso histórico. Venezuela fue un país rico, gobernado por una élite pequeña y poderosa que hasta fines de los 90s se benefició a manos llenas del petróleo, con bajos niveles de regulación y alta evidencia de corrupción. De la mano de la crisis llegó el ex Teniente Coronel Hugo Chávez, que con una retórica encendida y un programa que buscaba mayor equidad social y redistribución, estuvo al mando del país entre 1998 y el 2013 año que falleció. Chávez supo conquistar al pueblo venezolano que lo apoyó en múltiples procesos eleccionarios y se benefició de más y mejores programas sociales. Sin embargo, desde inicios de los 2000 la corrupción y la ineficiencia en el manejo gubernamental se volvieron temas notorios. El Chavismo fortaleció a las Fuerzas Armadas y conformó colectivos ciudadanos (paramilitares) con el objetivo de cuidar su revolución.

Post Chávez, llegó Nicolás Maduro con una elección ajustada, y en proceso de una profunda crisis económica. Para el año 2018 la migración se torna en éxodo, la crisis económica en miseria y la corrupción en status quo. Las elecciones de ese año han sido consideradas dudosas por múltiples analistas e incluso gobiernos que reconocieron posible manipulación.

El régimen de Maduro pasa a consolidar el rol militar, de hecho lo convierte en su espina dorsal. A medida que más poder ganan los mandos militares en Venezuela, mayor evidencia se acumula sobre tu vinculación directa con mecanismos organizados de tráfico de drogas y lavado de activos. La información es opaca y muchas veces tendenciosa, pero las muestras de esta sinuosa relación son innegables. La militarización del régimen pierde todo pudor. En el año 2017 se marcó la mayor presencia militar cuando de un total de 33 ministerios, 12 estaban en manos de funcionarios militares (37,5%). Además de los miles de funcionarios de rango medio que ejercen labores desde su rol activo o en retiro de alguna de las ramas, pero el ejército tiene un rol primordial. Por más de dos décadas los militares han sido formados, entrenados y dirigidos a reconocer su importante rol político en el país.

Más allá de la necesaria muralla china que se requiere entre la política y los militares, en Venezuela se ha establecido una relación carnal. Sin el apoyo militar no se sustenta Maduro y su régimen. Pero tal vez sin Maduro, los militares no perderían muchos de los espacios de poder ganados. La paradoja es evidente. Las acciones, fallidas o no, de Juan Guaidó de las últimas semanas, han servido para evidenciar la importancia militar y su rol estratégico. Porque más allá de lo que digan algunos medios de comunicación, las Fuerzas Armadas han sabido mantener niveles de control del territorio y de situaciones altamente complejas. Es verdad que para eso tienen a los colectivos, pero bien podrían convertirse en una fuerza que utilice su capacidad de fuerza contra la población.

En Cúcuta la ayuda humanitaria no pasó la frontera y el día que se liberó a Leopoldo López no se sumó prácticamente ningún mando relevante. Pero tampoco se desató una masiva batalla campal. Algo es cierto. La transición tendrá ritmo militar. Las imágenes post liberación de Leopoldo López son claras, Maduro rodeado de militares, caminando por las calles y solicitando no el apoyo popular, sino el uniformado. Por otro lado, la injerencia del gobierno norteamericano es evidente, no tanto por filtraciones sino por la necesidad casi patológica de algunos en afirmar que la desobediencia militar está en camino, que los generales están conversados, que el diálogo para la transición pactada ha sido fuerte. Mucho ruido, poco resultado.

Todo indica que en Venezuela algunos generales si tienen quien les escriba. De hecho, saben que se han convertido en el vértice de un proceso democrático posterior donde la negociación incluirá un lento retroceso de su involucramiento político, aún más lento alejamiento de las principales actividades productivas y casi nulo desarrollo de procesos judiciales. El escenario es de una enorme complejidad. En la desesperación por cambiar el a Maduro pueden generarse negociaciones que instalen una democracia militar, no muy distinta a lo que vemos hoy. No sería la primera vez que el gatopardismo se instale en la política latinoamericana, uno donde “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. La salida de Maduro sin duda que es un elemento clave para la transición en Venezuela pero lo más relevante es consolidar el alejamiento real de los militares del control político en el país.

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Venezuela en el espejo

En: Cooperativa

Fecha: 2019-05-04

Autor: Lucía Dammert

Desde hace años que vemos siempre dos imágenes sobre lo que pasa en Venezuela. Como en un juego de espejos no se sabe bien cual es la más cercana a la realidad. Amplificaciones, claros y oscuros se transmiten de forma cotidiana por prensa y actores que juegan por intereses mayormente ciudadanos pero también políticos y hasta económicos.

Algunas cosas son claras. La crisis económica y social que enfrenta el país es de una gravedad extrema, que ha traído como consecuencia un proceso migratorio enorme con consecuencias en múltiples países de la región que se organizan para recibir a cientos de miles en calidad de refugiados.

El régimen de Maduro no tiene capacidad técnica para enfrentar la crisis. Las decisiones de política económica han sido desastrosas; la inflación es de las más altas del mundo y la miseria camina por las calles de uno de los países petroleros más importantes del planeta.

La utilización de las fuerzas armadas ha llegado a extremos marcados por el cogobierno o directamente la simbiosis entre el objetivo político y el militar.

La corrupción y el tráfico de drogas juegan roles relevantes en la forma como se gestiona el país y diversos líderes de alto nivel tienen relaciones preocupantes con esos mercados ilegales.

También es claro que la gente está agotada pero temerosa. Los jóvenes han salido a las calles a reclamar en diversas ocasiones, de forma masiva y muchas veces  espontánea llevados por una evidente frustración frente a una cotidianeidad dolorosa.

Pero este reclamo por más calidad de vida y menos censura; más participación y menos violencia, más democracia y menos autoritarismo no ha consolidado una oposición que diseñe una transición viable.

Con todo el empeño que le pone Juan Guaidó a sus alocuciones ciudadanas y su acciones de inicio del fin, los resultados son al menos mediocres.

Acciones que también han pasado por un espejo que distorsiona y complejiza el análisis. No sólo es un tema de noticias falsas sino de realidades paralelas que se configuran por la profunda desconfianza entre todos los actores, incluso del mismo sector. 

Sin embargo, en las últimas semanas, el espejo busca cambio de formas y profundidades también por objetivos políticos de actores no venezolanos.

A Trump y a buena parte de la derecha latinoamericana le sirve el ejemplo de Venezuela como aquello que podría ocurrir si el electorado gira a la izquierda.

En Chile, tenemos en el reciente pasado la campaña de “Chilezuela” que logró instalar en el imaginario una relación de fantasía pero terrorífica de un futuro no muy distante. 

Es además Venezuela hoy un elemento de distorsión interna de los grupos políticos de izquierda y centro izquierda que se debaten aún entre el apoyo y la oposición.

Más que un espejo, estamos frente a un calidoscopio. Uno que se mueve constantemente y nos aleja la visión real de las mil piezas que lo componen, lo que sin duda consolida un terreno fértil para el populismo, los llamados a la intervención militar, las teorías conspirativas de todo nivel y la multiplicación de las noticias falsas.

La presencia de múltiples medios de prensa en Venezuela ha permitido acercarnos un poco más a la realidad, pero la imagen es aún borrosa.

Venezuela necesita transición política hacia un régimen basado en una elección popular sin interrogantes de legitimidad.

Requiere de un gobierno no basado en el poder militar, sino en el político sustentado en la representación popular, es decir necesita una oposición sólida, que camine sin equivocaciones ni demostraciones de debilidad evidentes.

Requiere también que los países Latinoamericanos dejemos de jugar con fuego y batir el calidoscopio con el que miramos la realidad del país bolivariano.

Generar espacios de diálogo, impulsar mecanismos de compromiso y negociación, proteger a los refugiados y reconocer los problemas del régimen son tareas que sin duda permitirán un camino un poco más certero.

Pienso que la construcción de una imagen única y consolidada de Venezuela no será un proceso fácil, ni rápido.

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Lucía Dammert: “Los militares venezolanos que desertaron en Cúcuta están en abandono”

Medio: The Clinic

Fecha: 2019-04-30

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

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Entrevistas

Lucía Dammert por Venezuela: «La única solución para Venezuela es que su oposición gane las elecciones»

Medio: 24 Horas TVN Chile

Fecha: 2019-03-11